Economía colaborativa: “cuando lo mío también es tuyo”

Economía colaborativa: “cuando lo mío también es tuyo”
Cada día surgen más acciones de cooperación social.Alejandra Fuenzalida, gerente general de United Way Chile

¿Qué tienen en común la sustentabilidad, la colaboración y las relaciones sociales?

Que las tres son parte de lo que define un movimiento único, que si bien tiene sus raíces en países desarrollados, está llegando a Chile con fuerza: la economía colaborativa.

Según el estudio “Economía Colaborativa en América Latina”, realizado por el Instituto de Empresa de Madrid para el Fondo Multilateral de Inversiones, miembro del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo, las grandes organizaciones o pymes que organizan sus negocios sobre la base de la colaboración tienen un papel crucial en este momento del desarrollo social. Su impacto en el fortalecimiento de redes de microemprendimientos y en la mejora de las condiciones económicas de pequeñas comunidades, convierten a este tipo de iniciativas en una herramienta de transformación social, que posee como núcleo la confianza.

Si bien los principales exponentes de esta economía en la región son Brasil, Argentina y Perú, Chile tiene un desafiante espacio para crecer. El estudio deja en evidencia que los principales fines que persiguen las iniciativas colaborativas son: crear nuevas formas de economía (69%), mejorar la calidad de vida de otras personas (53%) y fomentar la importancia de la cooperación (45%).

Utilizar la colaboración para impactar positivamente en otros es un movimiento que llegó para quedarse y que tiene bastantes motivaciones asociadas al bien común y al aporte que podemos hacer por otros. Una definición muy breve y sencilla de la economía colaborativa señala que ella puede ser descrita con la frase “lo mío es tuyo también”.

En este sentido y desde la perspectiva de la RSE, iniciativas de voluntariado corporativo o programas de mentorías son también excelentes ejemplos de lo que es la economía colaborativa. Donar tiempo -como lo hacen los voluntarios- o traspasar conocimientos -como realizan los mentores con niños o jóvenes- es justamente apuntar al círculo virtuoso de la colaboración, en la que todos obtenemos algo cuando cooperamos con los demás. Mientras algunos reciben ayuda para mejorar su calidad de vida o simplemente aprenden algo nuevo para su futuro, otros se van con la satisfacción de haber aportado a la comunidad donde viven.

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Afortunadamente, cada día surgen más acciones de cooperación social, conectando a las personas mediante la confianza y a través de un marco valórico que tiene entre sus principales objetivos el bien común.

Estamos avanzando, pero como indica este estudio, en Latinoamérica aún debemos seguir trabajando para superar algunas de las barreras que todavía se presentan ante esta economía colaborativa: la falta de apoyo, la exclusión social y la desigualdad, especialmente en el ámbito educativo.

Sin embargo, si ya estamos recorriendo este camino donde “lo mío también es tuyo”, parece ser el momento propicio de fortalecer lazos entre actores públicos, privados y de la sociedad civil para crear más espacios de colaboración y ayuda mutua, sobre todo en beneficio de quienes más lo necesitan.

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