El fin de la globalización, hacia un mundo multipolar

El fin de la globalización, hacia un mundo multipolar
El desafío en los próximos años será que las naciones orientadas al Leviatán mantengan la estabilidad económicaPatricio Torres, académico del Departamento de Gestión Organizacional UTEM

El desafío en los países niveladores será mantener sociedades abiertas y fraternales frente a la volatilidad política y económica.

El nuevo libro de Michael O‘Sullivan, director de inversiones en la división de gestión financiera internacional de Credit Suisse, es un informe sombrío sobre el fin de la globalización, enunciando una tesis única remontándose a la Inglaterra del siglo XVII.

En pleno estallido de la guerra civil inglesa, una facción democrática nacida del ejército de Oliver Cromwell denominada “los niveladores”, un grupo de mestizo de personas, soldados y comerciantes en oposición al poderoso parlamento, que a través de los llamados “Debates de Putney”, enuncian manifiestos que marcan las primeras concepciones populares de cómo sería una democracia constitucional, abogando por la igualdad, la responsabilidad, la transparencia en el gobierno (límites en los mandatos), junto con el libre comercio y el alivio de la deuda. Las demandas de los niveladores se plasman eventualmente en las constituciones revolucionarias de Francia y EE. UU.

Según el autor, el mundo multipolar se dividirá en los “países niveladores”, quienes abogan por la libertad del hombre y una sociedad abierta (EE. UU. – UE), y los “países leviatanes” liderados por regímenes autoritarios o un capitalismo estatal (China y la iniciativa de la franja y la ruta). Esta evolución del orden mundial —un mundo multipolar compuesto de tres (tal vez cuatro, dependiendo de cómo se desarrolla India) grandes regiones con enfoques distintos en cuanto a sus economías, leyes, culturas y redes de seguridad— se encuentra ya en marcha.

Se proyecta además que los países medianos (Rusia, Gran Bretaña, Japón y Australia) lucharán por encontrar su lugar en el mundo, y surgirán también nuevas colisiones, como “la liga Hanseática 2.0” (estados pequeños y avanzados como Escandinavia y los países bálticos).

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O‘Sullivan plantea la muerte de la globalización en base a dos aspectos: uno económico: la desaceleración del crecimiento y el aumento de la deuda, financiada por los bancos centrales que inyectan dinero a través de la compra de activos; y otros secundarios, derivados del económico, como el aumento de la desigualdad, el dominio de las multinacionales y la dispersión en la cadena de suministro global.

Si bien algunos autores enuncian una prospectiva pesimista apuntando a una guerra inminente en el mar de China meridional, O‘Sullivan cree que esto no sucederá, sino el mundo entrará a una multipolaridad basada en dos ejes. Los polos serán grandes en términos económicos, financieros y geopolíticos; y, por otra parte, estos polos desarrollarán formas diversas y culturalmente consistentes de hacer las cosas.

El desafío en los próximos años será que las naciones orientadas al Leviatán como China mantengan la estabilidad económica para que, ante el aumento del desempleo, por ejemplo, no rompan el “contrato de Leviatán”. Igualmente, el desafío en los países niveladores será mantener sociedades abiertas y fraternales frente a la volatilidad política y económica.

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