Para competir y crecer hay que articular la triple hélice

Para competir y crecer hay que articular la triple hélice
Con el tiempo, sin embargo, no basta con la ventaja comparativa.Angie Machmar, directora Ejecutiva de Fundación everis Chile

Investigación, desarrollo e innovación son componentes que todas las industrias clave en Chile requieren para mantener su competitividad.

Chile ha vivido un modelo de desarrollo basado en una economía extractiva de sus recursos naturales. Por décadas le ha bastado a nuestro país con explotar esa ventaja comparativa (disponibilidad de recursos naturales en abundancia). Pero la mayoría de estos recursos son no renovables y eso impone una encrucijada respecto de cuál será la receta futura para Chile.

Investigación, desarrollo e innovación son componentes que todas las industrias clave en Chile requieren para mantener su competitividad. Con el tiempo, sin embargo, no basta con la ventaja comparativa. Las industrias chilenas con el paso de los años han perdido competitividad, por diversos factores, siendo uno clave: la competencia global de las principales compañías chilenas.

Basta considerar como ejemplo la caída de leyes en la gran minería del cobre, con el consecuente incremento de los costos de producción, energía, laborales y muchos otros, poniendo en jaque la competitividad de una industria commodity de gran impacto en el PIB chileno. Entonces, ¿cuál es la receta?: la investigación aplicada y la transferencia de tecnologías creadas en Chile que permitan responder a estos desafíos de competitividad.

Si estas innovaciones son potencialmente protegidas como propiedad intelectual, si estos innovadores se atreven a formar empresas (start ups) y pueden ampliar los mercados locales, llegando a competir regional o globalmente con sus soluciones, se cambia drásticamente la competitividad de nuestra economía, basada en las industrias tradicionales, a la vez que se diversifica en base a conocimiento e innovación la matriz productiva, orientada a servicios de valor y conocimiento.

Lo más importante: se crea una ventaja competitiva que permite diferenciación, mayor eficiencia y valor agregado en los productos nacionales.

Este desafío implica articular la llamada triple hélice, compuesta por el sector privado (nuestras industrias), el sector público (quienes proponen políticas públicas) y la academia (universidades que forman el talento que este desafío requiere) para coordinar esfuerzos y recursos que permitan alcanzar la anhelada diversificación basada en conocimiento (I+D+i).

Es este esfuerzo el que, para ser sustentable, requiere la formación de un nuevo perfil profesional para la Ingeniería con sólidos conocimientos técnicos, pero también con habilidades sociales, de conformación de equipos y de competencias soft que permitan generar equipos interdisciplinarios, sumando perspectivas de análisis y asumiendo riesgos empresariales a temprana edad.

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