El surgimiento de Internet y su posterior masificación a nivel mundial resultó un hecho que cambió, de una vez y para siempre, la manera de comunicarnos. La aparición del e-mail, las cámaras Web, el intercambio de archivos, los blogs, fotologs y redes sociales, entre otras cosas, han transformado nuestra forma de concebir el mundo y, por qué no, nuestra forma de vida.
En este contexto, la banda ancha ha sido fundamental para esta revolución del nuevo siglo, ya que ha amplificado y maximizado el poder de Internet. Si con las primeras conexiones discadas apenas podíamos hacer cosas básicas como navegar y mandar correos electrónicos, hoy con las conexiones de alta velocidad hemos podido enriquecer nuestra experiencia de conectividad. Sin embargo, parece ser solo el comienzo pues se vislumbran grandes cambios en el horizonte, que hacen pensar en otra revolución dentro del contexto de Internet.
La banda ancha, hoy en día, es mayormente de carácter fijo. Es decir, predominan las redes cableadas, lo que nos obliga a conectarnos en un lugar específico sin grandes posibilidades de desplazarnos. Además, los accesos son bajo una red compartida, lo que supone que la velocidad de conexión varía según el número de usuarios conectados. Por otro lado, si bien la banda ancha ha tenido un gran crecimiento en América Latina durante los últimos cinco años, aún no es un servicio masivo como lo es, por ejemplo, la telefonía celular.
Justamente en estos aspectos se avecinan novedades. Con la llegada de la tecnología inalámbrica LTE, estimada para 2011 en América Latina, veremos un antes y un después en la manera de comunicarnos y utilizar Internet. Ya no tendremos que sacrificar nuestro valioso tiempo en la descarga de contenidos multimedia, o conformarnos con un ancho de banda limitado.