Publicado el 11 de Mayo de 2010 | 2 Comentarios
Tiempo de lectura: 2 – 3 minutos
¿Que sucede cuando lo que debe permanecer privado se hace público? Esta es una pregunta que viene rondando mis pensamientos desde hace un tiempo como consecuencia de varios hechos aislados que sumados hicieron crecer esta duda en mi mente.
Fallas en Twitter permiten que malintencionados consigan seguidores compulsivamente, las de Facebook revelan fotografías reservadas sólo a los “amigos”, bases de datos de clientes -como la de Geelbe- publicadas por delincuentes, comentarios hechos en listas privadas cerradas que se filtran a terceros violando compromisos de confidencialidad, todas las que surgen de vulnerabilidades de sistemas operativos, aplicaciones y sitios Web que permiten conocer lo reservado y hacerlo público; en fin, esta lista no es taxativa, es sólo un conjunto de piezas del rompecabezas que me alerta.
Algo está sucediendo con la privacidad: esta desapareciendo, se desvanece frente a nuestros ojos a gran velocidad.
Las redes sociales facilitan esta tendencia hacia lo público. Facebook, por ejemplo, nos permite revelar nuestra imagen, la de nuestros seres queridos, la de nuestro entorno laboral, las fiestas a las que asistimos, nuestras vacaciones; los datos sobre nuestra relación sentimental, padres, hijos y parientes, nuestros gustos musicales, nuestro todo; a nosotros a través del día y de la vida.
Twitter, por su parte, propuso originalmente compartir lo “que estás haciendo” en 140 caracteres; servicios como FourSquare o Gowalla nos geolocalizan, revelando los lugares que frecuentamos, que consumimos en bares y restaurantes o que pensamos sobre un sitio en particular.
Los motores de búsqueda como Google o Bing conocen nuestros patrones de búsqueda, saben que cosas nos interesan, que información buscamos, que noticias leemos.
Podría seguir mencionando ejemplos en redes profesionales como LinkedIn o colaborativas como StumbleUpon, pero creo que se entiende la idea.
¿Cual es el elemento común a todos los casos? Por supuesto: el hombre, la mujer; ellos (o nosotros, como prefieran) son el eslabón débil, quienes comparten y publican.
Mi conclusión es que el secreto mejor guardado es el que no se comparte con nadie; en el mundo virtual es el que no se publica.
Publicado el 13 de Abril de 2010 | Sin Comentarios
Tiempo de lectura: 4 – 6 minutos
Microsoft decidió embarrarse los pies y pisar la cancha de los móviles. Con el lanzamiento de la línea Kin, comienza a tantear el terreno de batalla de los teléfonos celulares con marca propia.
Hasta ahora, su participación en el mercado móvil se reflejaba en Windows Phone, que no es un teléfono sino el sistema operativo para celulares de Microsoft que tienen muchos móviles de distintas marcas. Con Kin One y Kin Two se suma a fabricantes que -como Apple con su iPhone- ofrecen el paquete completo: hardware, software y servicios.
La fabricación de equipos será responsabilidad de la firma japonesa Sharp, y será comercializado inicialmente en Estados Unidos por el operador Verizon y más adelante en Europa por Vodafone, siguiendo el modelo de exclusividad que impuso en el norte Apple con AT&T para su iPhone.
América Latina aún no tiene cronograma de lanzamiento y no se conoce al momento el precio de los equipos, que fueron presentados ayer en una reducida conferencia de prensa realizada en la ciudad de San Francisco.
La entrada del Gigante de Redmond en este segmento es tímida, humilde. No apunta al smartphone todo-en-uno sino a lo que la compañía llama “teléfono social”; un dispositivo de gama baja, especialmente diseñado para adolescentes y preadolescentes que quieren estar conectados a través de Facebook, MySpace, Twitter, y por supuesto, email y teléfono celular. Incluso sus teclas parecen pensadas para ser accedidas por dedos pequeños.
Una de las claves para el éxito de la línea Kin es el pricing. Es fundamental que la compañía encuentre el número que los jóvenes estén dispuestos a pagar por él, teniendo en cuenta que el teléfono de culto de Apple, iPhone 3G, se ofrece hoy a 99 dólares.
Ambos dispositivos tienen un diseño cuidado y minimalista pero poco original. Kin One remite al QA1 de Motorola, mientras que Kin Two se asemeja al Nokia N97 y al popular Sidekick (que también es fabricado por Sharp, con software de Microsoft).
Kin One y Two tienen cámaras de 5 y 8 megapixels con flash, parlantes mono y estéreo, y 4 y 8 MB de memoria interna respectivamente; pantalla multi-touch y teclado QWERTY deslizante.
La siempre actualizada pantalla principal de los equipos se denomina Loop (lazo), y refleja lo que va sucediendo con los contactos elegidos en las diferentes redes sociales del usuario. Es el enlace con el mundo digital. Videos, fotos, mensajes de texto, páginas Web, localización y actualizaciones de estado son compartidas simplemente arrastrándolos a un único lugar en el teléfono llamado “Spot”.
Studio es el teléfono “en la nube”. Todo lo que se crea en el celular está disponible a través de un navegador en la Web y esta aplicación se encarga de realizar automáticamente copias de seguridad online de todos los datos del teléfono.
No podía faltar el acceso a Zune, la tienda online de Microsoft, para acceder a música, videos, podcasts y radio FM desde los dispositivos.
Más allá de especificaciones técnicas, es importante para Microsoft haber elegido al segmento joven como punta de lanza en el mercado móvil. Además de ser el que pasa más tiempo conectado es el que consume mayor cantidad de material multimedia: música y videos. Y es en el terreno de las tiendas online que Zune MarketPlace viene muy lejos de iTunes Store y donde la compañía quiere apuntalar las ventas.
La estrategia de Microsoft parece orientarse a lanzar dispositivos simples que le permitan integrar la vida social en línea a sus clientes y satisfacer sus necesidades multimedia, generando una dependencia casi adictiva sobre sus servicios y soluciones.
Por ahora BlackBerry (RIM), iPhone (Apple), Nexus One (Google) y N97 (Nokia) están todavía muy por encima de los nuevos Kin en la guerra de los celulares. Pero atención, este es sólo el primer paso de Microsoft en el mercado móvil.
Publicado el 2 de Marzo de 2010 | Sin Comentarios
Tiempo de lectura: 2 – 3 minutos
Es difícil hablar sobre negocios y tecnología cuando un pueblo es golpeado por una naturaleza enfurecida y que ya no perdona. Cada vez más estará retribuyéndonos el daño que le hemos hecho a lo largo de la historia, especialmente en los últimos dos siglos.
Sin embargo ahora es momento de reconstrucción. Hay que evaluar los daños y diseñar planes para restablecer la normalidad en la vida de Chile, elevándonos por sobre las ruinas.
El impacto en las infraestructuras tecnológicas y de telecomunicaciones del país y de las empresas aún es un misterio. No se sabe cual será el costo ni los tiempos para que los negocios y la administración pública regresen a una operación plena. Tampoco hay una oferta de créditos para el reequipamiento de las Pymes.
Una ventaja con la que cuenta Chile es su dirigencia política: tanto el gobierno actual como el ya electo manejaron el mismo discurso, reaccionaron acertadamente y -gracias a una coherente política exterior y económica- fueron apoyados rápidamente por la comunidad internacional en pleno.
Este apoyo global se vio reflejado en Twitter, Facebook y Linkedin, las principales redes sociales de Internet. Desde la creación de grupos de apoyo al país hasta la búsqueda individual de familiares y amigos, la Web 2.0 fue una herramienta eficaz para llevar información y facilitar la comunicación. Google incluso puso a disposición de la gente su servicio People Finder.
Por supuesto que no faltaron los “vivos” de siempre que aprovecharon el terremoto para solicitar dinero que no iría a Chile sino a sus propios bolsillos o crearon páginas sobre el desastre para diseminar malware.
El rol de las operadoras de telefonía móvil no fue veloz ni adecuado y es un tema pendiente que habrá que debatir en el futuro.
Mis condolencias a quienes perdieron a sus seres queridos, mi dolor por la pérdida de bienes irrecuperables para las familias chilenas y mis plegarias para que la madre naturaleza no sea implacable con el resto del mundo y nos perdone por tratarla tan mal.