Publicado el 13 de Abril de 2010 | Sin Comentarios
Tiempo de lectura: 4 – 6 minutos
Microsoft decidió embarrarse los pies y pisar la cancha de los móviles. Con el lanzamiento de la línea Kin, comienza a tantear el terreno de batalla de los teléfonos celulares con marca propia.
Hasta ahora, su participación en el mercado móvil se reflejaba en Windows Phone, que no es un teléfono sino el sistema operativo para celulares de Microsoft que tienen muchos móviles de distintas marcas. Con Kin One y Kin Two se suma a fabricantes que -como Apple con su iPhone- ofrecen el paquete completo: hardware, software y servicios.
La fabricación de equipos será responsabilidad de la firma japonesa Sharp, y será comercializado inicialmente en Estados Unidos por el operador Verizon y más adelante en Europa por Vodafone, siguiendo el modelo de exclusividad que impuso en el norte Apple con AT&T para su iPhone.
América Latina aún no tiene cronograma de lanzamiento y no se conoce al momento el precio de los equipos, que fueron presentados ayer en una reducida conferencia de prensa realizada en la ciudad de San Francisco.
La entrada del Gigante de Redmond en este segmento es tímida, humilde. No apunta al smartphone todo-en-uno sino a lo que la compañía llama “teléfono social”; un dispositivo de gama baja, especialmente diseñado para adolescentes y preadolescentes que quieren estar conectados a través de Facebook, MySpace, Twitter, y por supuesto, email y teléfono celular. Incluso sus teclas parecen pensadas para ser accedidas por dedos pequeños.
Una de las claves para el éxito de la línea Kin es el pricing. Es fundamental que la compañía encuentre el número que los jóvenes estén dispuestos a pagar por él, teniendo en cuenta que el teléfono de culto de Apple, iPhone 3G, se ofrece hoy a 99 dólares.
Ambos dispositivos tienen un diseño cuidado y minimalista pero poco original. Kin One remite al QA1 de Motorola, mientras que Kin Two se asemeja al Nokia N97 y al popular Sidekick (que también es fabricado por Sharp, con software de Microsoft).
Kin One y Two tienen cámaras de 5 y 8 megapixels con flash, parlantes mono y estéreo, y 4 y 8 MB de memoria interna respectivamente; pantalla multi-touch y teclado QWERTY deslizante.
La siempre actualizada pantalla principal de los equipos se denomina Loop (lazo), y refleja lo que va sucediendo con los contactos elegidos en las diferentes redes sociales del usuario. Es el enlace con el mundo digital. Videos, fotos, mensajes de texto, páginas Web, localización y actualizaciones de estado son compartidas simplemente arrastrándolos a un único lugar en el teléfono llamado “Spot”.
Studio es el teléfono “en la nube”. Todo lo que se crea en el celular está disponible a través de un navegador en la Web y esta aplicación se encarga de realizar automáticamente copias de seguridad online de todos los datos del teléfono.
No podía faltar el acceso a Zune, la tienda online de Microsoft, para acceder a música, videos, podcasts y radio FM desde los dispositivos.
Más allá de especificaciones técnicas, es importante para Microsoft haber elegido al segmento joven como punta de lanza en el mercado móvil. Además de ser el que pasa más tiempo conectado es el que consume mayor cantidad de material multimedia: música y videos. Y es en el terreno de las tiendas online que Zune MarketPlace viene muy lejos de iTunes Store y donde la compañía quiere apuntalar las ventas.
La estrategia de Microsoft parece orientarse a lanzar dispositivos simples que le permitan integrar la vida social en línea a sus clientes y satisfacer sus necesidades multimedia, generando una dependencia casi adictiva sobre sus servicios y soluciones.
Por ahora BlackBerry (RIM), iPhone (Apple), Nexus One (Google) y N97 (Nokia) están todavía muy por encima de los nuevos Kin en la guerra de los celulares. Pero atención, este es sólo el primer paso de Microsoft en el mercado móvil.
Publicado el 23 de Octubre de 2009 | Sin Comentarios
Tiempo de lectura: 1 – 2 minutos
A menos de tres años del lanzamiento del último fracaso de Bill Gates en el terreno de los sistemas operativos, Microsoft presenta Windows 7, que promete convertirse en el primer éxito de Steve Ballmer sin su amigo en la compañía.
La organización de las presentaciones locales del nuevo entorno del Gigante de Redmond fue dispar. En algunos países dio lugar a eventos espectaculares y en otros una mediocre -casi irrespetuosa- atención a la prensa especializada.
Desde el tañir de la campana en el NASDAQ, reproducido en el impresionante Jumbotron de Times Square en New York, hasta la inminente apertura de la nueva tienda de Microsoft en la Scottsdale Fashion Square de Arizona (oculta tras una pantalla protectora antes de su gran apertura), Windows 7 se apoderó de la atención del mundo tecnológico durante unas horas.
Llega ahora el momento de ver el comportamiento en la vida real del nuevo entorno, que llega con promesas de mayor velocidad, simplicidad, compatibilidad y seguridad para crear una experiencia de usuario más satisfactoria.
Así sea. Amén.
Publicado el 2 de Octubre de 2009 | Sin Comentarios
Tiempo de lectura: 2 – 4 minutos
La semana pasada se aprobó en Francia la llamada “Ley Sarkozy” o “Ley Hadopi” (en honor al nombre de la autoridad de aplicación de la norma), por la cual se podrán sancionar las descargas P2P (y de cualquier otro tipo) sin autorización -tras dos advertencias- con hasta un año de desconexión a Internet, aunque se deberá continuar pagando por el servicio.
En esta oportunidad no quiero abordar el tema de la piratería (aunque tangencialmente lo haré) sino el de la privacidad; y en este sentido, la recientemente aprobada ley francesa sería considerada inconstitucional en casi cualquier país de América Latina.
¿Por qué? Básicamente por los mecanismos técnicos que se requieren para identificar esas descargas, que violarían claramente el fundamental derecho a la privacidad. Para saber quien está descargando un determinado archivo se debe monitorear constantemente el tráfico de la red, individualizando no sólo los archivos con copyright que se bajen sino también los otros, los de descarga legal (como sus propias fotos, documentos comerciales y comunicaciones de índole personal).
El estado y su ISP (que es quien cuenta con esta información) pueden crear un perfil sobre cada usuario, con la posibilidad efectiva de entrometerse en la vida privada de sus ciudadanos (y hasta de los turistas que quieran conocer la Torre Eiffel).
El tema de espiar a los usuarios de Internet (o a través de Internet) no es nuevo y la sanción de esta ley remite obligatoriamente al polémico Windows Genuine Advantage Program o Programa de Ventajas de Windows Original de Microsoft que -al conectarse el usuario a Internet- automáticamente envía información para identificar copias pirata de sus productos. Incluso se tildó a la compañía de Redmond como “la mayor hacker de China” por instalar aplicaciones en segundo plano que envían información sobre el usuario y su software a la compañía sin su consentimiento.
Es claro que las cuestiones sobre piratería y privacidad están entrelazadas, pero esta clase de legislación es estúpida, anacrónica y violatoria de derechos básicos; aprobada por legislaturas nacionales que desconocen supinamente a las nuevas tecnologías, a los nuevos medios y no entienden las necesidades y comportamientos de los nativos (y de muchos inmigrantes) digitales.
Finalmente no comprenden que este nuevo panorama requiere de una revisión sobre los conceptos de propiedad intelectual para acomodarlos a un mundo globalizado, comunicado, socialmente participativo a través de la tecnología, móvil y conectado ubicuamente.
Cuando los temores de que el mundo llegue a un “1984” como lo sospechó George Orwell, con estados nacionales que se convierten en el “Gran Hermano”, es necesario proteger la privacidad como valor superior con una perspectiva fresca sobre los derechos de propiedad intelectual en el siglo 21.