Publicado el 2 de March de 2010 | Sin Comentarios Tiempo de lectura 1 min. 27 seg.
Es difícil hablar sobre negocios y tecnología cuando un pueblo es golpeado por una naturaleza enfurecida y que ya no perdona. Cada vez más estará retribuyéndonos el daño que le hemos hecho a lo largo de la historia, especialmente en los últimos dos siglos.
Sin embargo ahora es momento de reconstrucción. Hay que evaluar los daños y diseñar planes para restablecer la normalidad en la vida de Chile, elevándonos por sobre las ruinas.
El impacto en las infraestructuras tecnológicas y de telecomunicaciones del país y de las empresas aún es un misterio. No se sabe cual será el costo ni los tiempos para que los negocios y la administración pública regresen a una operación plena. Tampoco hay una oferta de créditos para el reequipamiento de las Pymes.
Una ventaja con la que cuenta Chile es su dirigencia política: tanto el gobierno actual como el ya electo manejaron el mismo discurso, reaccionaron acertadamente y -gracias a una coherente política exterior y económica- fueron apoyados rápidamente por la comunidad internacional en pleno.
Este apoyo global se vio reflejado en Twitter, Facebook y Linkedin, las principales redes sociales de Internet. Desde la creación de grupos de apoyo al país hasta la búsqueda individual de familiares y amigos, la Web 2.0 fue una herramienta eficaz para llevar información y facilitar la comunicación. Google incluso puso a disposición de la gente su servicio People Finder.
Por supuesto que no faltaron los “vivos” de siempre que aprovecharon el terremoto para solicitar dinero que no iría a Chile sino a sus propios bolsillos o crearon páginas sobre el desastre para diseminar malware.
El rol de las operadoras de telefonía móvil no fue veloz ni adecuado y es un tema pendiente que habrá que debatir en el futuro.
Mis condolencias a quienes perdieron a sus seres queridos, mi dolor por la pérdida de bienes irrecuperables para las familias chilenas y mis plegarias para que la madre naturaleza no sea implacable con el resto del mundo y nos perdone por tratarla tan mal.
Publicado el 12 de August de 2009 | 1 Comentario Tiempo de lectura 2 min. 31 seg.
Parece ser ya una costumbre argentina tratar temas importantes en el Congreso Nacional que terminan siendo aprobados entre gallos y medianoches. El llamado “impuestazo tecnológico” no fue la excepción y ya obtuvo la media sanción de la Cámara de Diputados que le da pasaje libre al Senado para que se convierta en ley.
Es preocupante -o al menos interesante- ver como el gobierno encabezado por la Presidenta Cristina Fernández se esta encargando sistemáticamente de destruir todo lo bueno que se había hecho en el gobierno de su esposo Néstor Kirchner en materia tecnológica.
Durante la administración K (versión original) Roberto Lavagna, ministro de economía, y luego Daniel Filmus, ministro de educación, tomaron muy seriamente el desafío de reducir la brecha digital en Argentina.
Pero como el principio hollywoodense que afirma que las segundas partes nunca fueron buenas, esta versión “clase B” de la administración K no tiene un interlocutor válido para impulsar políticas que mejoren la calidad en el acceso a la tecnología de los argentinos, a pesar de existir ahora un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.
El pobre ministro Barañao ni siquiera habla cuando está presente la presidenta, quien se lanza a inventar a “Maikel Microsoft” o a alabar a Bill Gates, co-fundador de Microsoft- en las oficinas locales de su archienemigo Google. Se trata de la misma presidenta que llega tarde a las reuniones con otros presidentes, culpando a quien tenga más cerca, por su necesidad de divismo y algún probable trastorno bipolar (antiguamente conocido como psicosis maníaco-depresiva).
En los 612 días que lleva su mandato, cambió varias veces a su jefe de gabinete y a su ministro de economía, y sin embargo no hubo prácticamente reuniones de gabinete, las decisiones se tomaron en la intimidad del binomio presidencial, KFC (no, no es Kentucky Fried Chicken, es Kirchner y Fernández co-gobernando). Las alianzas políticas y económicas las concretan con el dictador militar Hugo Chávez y no con el presidente nacido del sindicalismo, Lula Da Silva.
Tras la derrota electoral -que puede contener varios mensajes- no se hizo ninguna autocrítica y se continuó por el mismo derrotero autoritario con piel de progresista. Durante años no hubo conferencias de prensa presidenciales y las pocas que “graciosamente se otorgan” actualmente reafirman el modo dictatorial con el se manejan desde el ejecutivo. Preguntas, una, repreguntas, jamás.
Paradójicamente, un pseudo gobierno “progre”, del pueblo, sube los impuestos a productos tecnológicos, aumentando la brecha digital en el país, mientras que partidos políticos como el PRO, dan pelea en el congreso para que no se apruebe esta locura cristiniana. Es que hasta el más distraído estudiante de economía sabe que esta medida no va a mejorar la recaudación y que si va a lograr distanciar más a la tecnología de las familias argentinas.
Tierra del Fuego no es ni por asomo la sombra del Polo Industrial de Manaos en Brasil. Por este camino tampoco lo va a ser.
En prácticamente todas las redes sociales existen causas que desaprueban la sanción de esta ley, sitios creados por cámaras empresarias explican todo el proceso y vislumbran el futuro, pero parece que en la Casa Rosada sólo se lee el diario de Yrigoyen, se ve la tele de Tinelli y se navega por las páginas de educ.ar.
A estas alturas sólo me quedan dos caminos: pensar que el matrimonio “K” no entiende a la industria TIC o que si la entiende y quiere que el negocio prospere saludablemente, pero en otro país, no en Argentina.
Publicado el 29 de July de 2009 | Sin Comentarios Tiempo de lectura 2 min. 52 seg.
En los albores de la Web, Yahoo! se destacó como el primer directorio de sitios. No era un buscador propiamente dicho, sino que clasificaba y organizaba los sitios Web que encontraba y los incluía en su catálogo. Su mayor orgullo era que el directorio era realizado por humanos y no programas robots. Cada sitio era verificado por un empleado de Yahoo! para decidir en que categoría quedaba.
Desde que Netscape lanzó su primer navegador en 1994, Internet vivió un cambio cultural en los negocios relacionados con sus tecnologías. Aparecían (y morían) nuevos players todos los días y se acercaba la burbuja de las .com.
David Filo y Jerry Yang eran los “Chief Yahoo” jóvenes paradigmáticos de la nueva era. Generosos y abiertos a nuevas ideas, para finales de la década alojaron el emprendimiento de un pequeño motor de búsquedas desarrollado como concepto de laboratorio por Larry Page y Sergey Brin, llamado Google.
Obviamente los algoritmos de indexación desarrollados por los chicos de Google funcionaron (y funcionan) de maravillas; tanto que desbordaron la capacidad “prestada” por Yahoo! y comenzaron su propia granja de servidores para su ahora negocio, con modelo minimalista, e ingresos basados en la publicidad incorporada por su adquirida tecnología de “enlaces patrocinados”.
Eran tan buenas las relaciones entre Google y Yahoo! que durante mucho tiempo la búsqueda de Yahoo! era provista por Google.
Pero tras pincharse la burbuja, el mundo de Internet cayó en la realidad de que sus jugadores no eran los nuevos hippies tech sino sólo empresarios. Y entre empresas no hay amigos, hay aliados circunstanciales y adversarios.
En otro lado del mundo (no muy lejos del valle de las siliconas… perdón del silicio) una corporación que sólo conocía los elevadores ascendentes del éxito sin techo ni límites se consolidaba como el mayor productor de sistemas operativos de escritorio del mundo. Microsoft dominaba tanto el mundo empresario como el hogareño con sus diferentes versiones de Windows, sumadas a todas las aplicaciones de oficina, juegos y herramientas de desarrollo que fue lanzando al mercado global.
Sin embargo, su co fundador, CEO y principal driver, Bill Gates, aseguró -a pesar de tener que tragarse sus palabras- que Internet era, ante todo, una moda.
Eso obligó a Microsoft a demorar su ingreso al mundo de Internet, aunque en este caso, haber llegado último no fue un obstáculo para que tomara la delantera en cuanto a navegadores, sacando del mercado al pionero Netscape o lanzara su MSN Messenger (ahora Windows Live Messenger) eliminando a ICQ, el primer programa de mensajes instantáneos, o sea que en este caso SI mataron al mensajero.
Un segmento en el que Microsoft siempre tuvo problemas fue el de las búsquedas en la Web, con ensayos varios que fracasaron uno tras otro.
Hasta ahora.
Con el reciente lanzamiento de Bing, la estética y entrega de resultados promete convertirse en rival para Google, quien sabe que Microsoft comienza lentamente; sin prisa pero sin pausa, y como una topadora su recorrido hasta el objetivo propuesto, que en este caso tiene el blanco en las espaldas de Schmidt, Brin y Page.
Para exacerbar los ánimos, Google le moja la oreja al Gigante de Redmond, incursionando en sus dominios, lanzando un primer sistema operativo, simple y de objetivos limitados, pero que alerta a Microsoft sobre las intenciones de Google de dar batalla, devolviendo la pelota: si MS viene a pelear en buscadores, nosotros lo haremos en sistemas operativos.
A principios de año, Microsoft quiso comprar a Yahoo! sin alcanzar un acuerdo y obligando a su co fundador Jerry Yang a renunciar como CEO de la compañía. La nueva Directora Ejecutiva de Yahoo! no quiso cometer los errores de Yang y “virtualmente vendió” Yahoo! a Microsoft. En un mundo empresario que tiene menos de dos décadas de existencia, firmar un acuerdo por diez años es eso, vender en forma encubierta.
El otrora “padrino” de Google lo traiciona con su peor enemigo. Como en el caso de Shakespeare con sus Montescos y Capuletos, espero que alguien ponga en escena la opera (rock, seguramente) sobre la guerra de los Googlidos y los Microsofteanos.
Publicado el 9 de July de 2009 | Sin Comentarios Tiempo de lectura 2 min. 59 seg.
Como si fuera una topadora, Google arremete nuevamente contra lo establecido lanzando Google Chrome OS, un sistema operativo pensado inicialmente para netbooks. La compañía basada en Mountain View ya había pateado el tablero con las Google Apps, más adelante con Android, su sistema operativo para teléfonos inteligentes y luego con Google Chrome, su navegador Web.
En el caso de Android, la pelea es contra los entornos Symbian, Windows Mobile e iPhone OS. En la batalla de los navegadores, rivaliza con Firefox, Safari e Internet Explorer y su paquete de oficina “en la nube” con Microsoft Office y OpenOffice de Sun. Ahora, con su sistema operativo avanza contra las distribuciones Linux líderes y contra el popular Windows XP.
La constante resalta inmediatamente: Google está en guerra con Microsoft en todos los frentes. En segundo lugar, el ataque es para Apple.
Y ya aparecen los primeros beneficiados: los fabricantes de netbooks, que vienen padeciendo el dominio casi monopólico de Microsoft al momento de integrar un sistema operativo en sus equipos, lo que resulta en un equipo más costoso para el cliente y por ello, más difícil de vender.
Se anotaron en la lista de Brin y Page empresas de la talla de Acer, ASUS, Hewlett-Packard, Lenovo y Toshiba. También encontramos compañías como Freescale y Qualcomm cuyo foco está puesto en la movilidad, especialmente en los teléfonos inteligentes. Esto sucede porque Google Chrome OS correrá tanto en plataformas x86 como ARM.
Si bien el enfrentamiento con el producto bandera de Microsoft es un claro desafío “in your face”, la batalla con Apple es más sutil.
La compañía de la manzanita se ha caracterizado por atar sus sistemas operativos a equipos propietarios. Ha pasado con computadoras de escritorio, notebooks, iPods e iPhones. Además Apple aún no tiene -si bien los rumores son persistentes- un equipo netbook en el mercado.
Para darle una vuelta de tuerca más al tema, Microsoft es accionista de Apple y Eric Schmidt, CEO de Google, forma parte del directorio del emporio de Steve Jobs. Y si bien en el universo formado por Internet, aplicaciones, navegadores y ahora sistemas operativos Google comienza a pisar cada vez más fuerte, aún le falta apoyatura en hardware de consumo, o sea computadoras y teléfonos inteligentes.
Si finalmente Microsoft discontinuara el paquete Office para sistemas Apple, pondría a esta empresa en un apuro por conseguir el conjunto de aplicaciones básico corporativo, con lo cual Google -que ya ofrece ese paquete “en la nube”- se acercaría todavía más al recientemente reincorporado a sus tareas -tras el trasplante de hígado- Steve Jobs.
No me extrañaría que Google finalmente muerda la manzana y -de una forma u otra- compre Apple y sume el componente que le falta a su negocio: los fierros.
Un tema -al margen- que me llama la atención es que por segunda vez se filtran noticias de Google antes de su anuncio oficial. Pasó con su navegador y ahora con su sistema operativo. ¿Será que hay espías en la compañía o sólo se trata de una estrategia de comunicación?
Me gratifica en lo personal haber visto este movimiento casi cinco años antes de que sucediera: en mi editorial del 15 de octubre de 2004 (analizando el Google Desktop Search) aseguraba “El embrión de un sistema operativo que, en este caso, comenzó por la búsqueda; y —a diferencia de mi comentario de mayo, en el que sugería una potencial rivalidad con Microsoft + Linux— quizás se trate de una nueva distribución de Linux, teniendo en cuenta que bajo esa plataforma funcionan las granjas de servidores del motor de búsquedas … Google Linux … ¿Se imaginan?”. Finalmente Google Linux se llama Chrome OS y la rivalidad con el Gigante de Redmond se fue a la estratosfera.
La arquitectura planteada por Google para Chrome OS es simple: se trata de un sistema de ventanas que corre sobre un kernel Linux; será Open Source y estará disponible para los desarrolladores este año y en netbooks de sus partners durante el segundo semestre de 2010; aunque todo esto sea irrelevante en este momento y lo jugoso pase por ver como se desarrollan los eventos en el salón de situación de cada player involucrado.
A pensar el movimiento de tropas, generales Schmidt, Ballmer, Jobs (y por qué no Ellison). ¡Avancen!
Publicado el 19 de May de 2009 | 1 Comentario Tiempo de lectura 0 min. 47 seg.
Hay un nuevo player en el terreno de los servicios disponibles en la Web: Wolfram|Alpha, cuya meta a largo plazo es hacer que todos los conocimientos sistemáticos sean computables y accesibles inmediatamente por cualquier persona.
El Mastemind detrás del sitio es Stephen Wolfram, quien asegura que Wolfram|Alpha no es un motor de búsquedas sino un motor de conocimientos computables o calculables que se nutre de su propia base de datos y no de buscarlos en otros sitios. No es Google ni tampoco su competidor.
Stephen Wolfram fue un niño prodigio. Presentó su primer ensayo científico a los 15 años y recibió su doctorado en física teórica a los 20. Fue el desarrollador de Mathematica, una aplicación informática ampliamente utilizada por científicos de todo el mundo.
Desde 1987 es CEO de -como no podía ser de otra forma- Wolfram Research.
En el siguiente video es el propio Stephen quien explica qué es y cómo funciona Wolfram|Alpha, con ejemplos y todo:
Y si mis cálculos no fallan, la compañía del “científico loco” será adquirida en los próximos meses por Google o bien por Microsoft.
Publicado el 12 de May de 2009 | Sin Comentarios Tiempo de lectura 2 min. 08 seg.
En un artículo de Robert L. Mitchell publicado ayer en Computerworld, el periodista asegura que Google puede saber más sobre usted que su propia madre. Y si alguien es usuario intensivo de los productos de Google, esto se confirma.
Gmail, Voice, Calendar, Health, Latitude, Maps y Earth, Books, Docs, Reader, YouTube, Audio Indexing, Image Search, Picasa, Similar Images, News, Alerts, Finance, Product Search, Scholar, Groups, Blog Search, Translate, Web Search, Directory, Chrome, Profile, Sites y Blogger.
Google conoce sus mensajes y sabe con quien intercambia correo, con quien habla, sus citas, sus registros médicos y el intercambio de información con sus doctores, sabe donde estuvo, está, va a estar y adonde quiere ir, que libros y documentos lee, que documentos escribe, que videos mira (y las porciones de audio que le interesa escuchar), las fotos que busca y publica (y hasta cuales son similares a las suyas), con quien o quienes aparece en esas fotos, que noticias lee y cuales le interesan, en que compañías invierte, que productos compra o le interesa comprar, cual es la tarea escolar de sus hijos, sus grupos de interés y blogs, que idiomas maneja y cuales desconoce, y por supuesto, que información busca, en que sitios estuvo e incluso -si usted lo decide- publicar su perfil y hasta crear su propio sitio o blog.
Puesta toda junta, es sobrecogedora la cantidad de datos que Google maneja y almacena sobre sus usuarios. Si la utiliza o no para su beneficio es otro tema.
Ya en agosto de 2005, Elinor Mills, reportera de CNET, anticipaba que en Google se podían obtener datos personales sobre cualquiera. Y para demostrarlo, cometió el “error” de utilizar como conejillo de indias al CEO de Google, Eric Schmidt, recolectando mas información sobre el ejecutivo de lo que el propio Schmidt hubiera supuesto y deseado que se divulgara. Tanto disgustó esto a Google -o a Eric Schmidt- que le negaron información sobre la compaña a CNET durante un año.
En el mejor de los casos, acepto que Google no entrecruza datos personales de sus usuarios en su beneficio; pero ¿que sucedería si es la CIA, la NSA o el FBI quienes le solicitan hacerlo? Las agencias de seguridad norteamericanas (británicas o de cualquier otro país) contarán con valiosa información directamente desde la fuente.
Ya se sabe -por ejemplo- que Google pactó con el gobierno de China para censurar contenidos a los ciudadanos de ese país, para poder ingresar en un mercado tan apetecible, lo que demuestra que pueden manipular los resultados de cualquier búsqueda, sea en el servicio de Google que fuera.
¿Y qué pasará entonces si algún hacker o grupo de hackers particulares, militares o de servicios de inteligencia logran vulnerar los mecanismos de seguridad de la compañía y acceder a esta información?
¿Qué sabemos sobre la seguridad interna de Google? ¿Y si algún espía internacional se infiltra (o ya se infiltró) dentro de la empresa?
“Abran canal D”, diría Napoleón Solo desde un zapatofono prestado por Maxwell Smart, hablando bajo el cono del silencio y tomando un Martini robado a James Bond.
Publicado el 5 de May de 2009 | Sin Comentarios Tiempo de lectura 1 min. 10 seg.
Esta semana se ha hablado mucho sobre Twitter, el popular servicio de micro blogging (cuya esencia explicara en jchamaBlog).
Crecen los rumores sobre diversos interesados -como Apple- en comprar la compañía, y hasta Facebook tuvo que acomodar sus actualizaciones para que sean en tiempo real, al igual que en Twitter. También ofrece varias decenas de aplicaciones para enlazar Facebook con Twitter.
En el mundo móvil, existen diversas opciones para seguir conectado a Twitter desde smartphones como iPhone y Blackberry y actualizar estado, compartir fotos y leer comentarios.
Sin embargo, diversos analistas aseguran que -a pesar del aumento en usuarios- son muchos los que están abandonando rápidamente a Twitter.
Entre los fervientes promotores del “pajarito” se encuentran bloggers, periodistas, políticos y personajes del espectáculo. Algunos respetan el espíritu del servicio y responden en 140 caracteres “que estoy haciendo”; otros comparten información, conversan y se mantienen actualizados sobre los temas de su interés y las opiniones de aquellos a quienes siguen.
En el caso de la farándula, es usado para ver quien “la tiene más larga”, quien es más popular y quien tiene mayor cantidad de seguidores. Es usado como sustituto del rating.
Con aplicaciones de escritorio como Twhirl la división entre IRC, MSN Messenger y Twitter parece hacerse cada vez más difusa.
Algo le está faltando a Twitter: un plan de negocios que le permita ganar dinero. Eso puede llegar de la mano de la publicidad y es ahí donde empresas como Google, Apple, Facebook o la propia Microsoft deben jugar.
Simplemente hay que seguir las novedades de Twitter… en el propio Twitter y seguramente se enterarán de primera mano y antes que en los medios sobre el futuro del servicio.