Publicado el 16 de September de 2009 | 1 Comentario
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A estas alturas queda claro que Cristina Fernández y Néstor Kirchner, el tándem matrimonial que preside a La Argentina, no persiguen con su proyecto sancionar una ley de medios audiovisuales en Argentina que sea política de estado, que obtenga el consenso del congreso nacional para regular la actividad de los medios en el siglo 21. Buscan simplemente demostrar que aún tienen el poder.
“La madre de todas las batallas” fue la definición elegida por el presidente en las sombras para marcar el tono del debate. “Patria o muerte”, “quien no está conmigo está contra mi” son los ecos que resuenan al oír a Kirchner hablar de batalla. Y en una república representativa y federal esto es desestabilizador; desestabilizador por parte de la actual administración en este caso y no de la oposición como casi todo oficialismo de 1983 hasta nuestros días ha denunciado.
El poder ejecutivo argentino encarnado en CFK quiere tener el poder absoluto sobre los medios. Su proyecto es imperfecto y nacido del odio hacia Clarín, quizás el grupo de medios más importante del país. La batalla a que hace referencia el ex presidente lo tiene como protagonista frente a este grupo. En una esquina Néstor Kirchner y en la otra Hernestina Herrera de Noble (y/o Héctor Magnetto).
La bipolar presidenta necesita ganar, ganar desesperadamente tras la última derrota electoral y tras perder con el voto en contra de su propio vicepresidente la pelea con el campo por las retenciones, oportunidad en la cual también perdió a su vice (y también a su jefe de gabinete, Alberto Fernández, incondicional durante los años de Kirchner presidente). “quien no está conmigo está contra mi” sigue resonando el grito por los pasillos de la Casa Rosada.
“Todos deben estar alineados con mi deseo y opinión, seguirme incondicionalmente, acatar mis ordenes; lo demás no interesa” parece pensar la mandataria.
La media sanción para esta ley puede salir hoy por el voto de la mayoría y sus aliados (y por supuesto por aquellos diputados que de alguna forma fueran presionados o seducidos) y -de convertirse en ley en la cámara alta- seguramente será modificada después de la renovación legislativa de Diciembre; pero realmente esto no importa, la regulación de los medios no importa, el contenido de la ley no importa.
Lo único que importa hoy es ganar a toda costa, a cualquier precio, con tal de ganar algo, a alguien; lo único que importa es que Kirchner venza en “la madre de todas las batallas” a su enemigo declarado: Clarín.
Los simples peones del tablero no importan, sólo los reyes (y obviamente las reinas).
Publicado el 20 de August de 2009 | 3 Comentarios
Tiempo de lectura 3 min. 34 seg.

Debo reconocer que las decisiones del binomio presidencial argentino me llenan cada vez menos de desconcierto y decididamente no me sorprenden en absoluto.
Tras conocerse el multimillonario patrimonio que tendrían los Kirchner como resultado -en parte- de haber realizado ciertos negocios (¿negociados?) con la compraventa de tierras fiscales en su provincia del sur argentino (comprándolas a u$s 30.000 y vendiéndolas sólo dos años después a más de un millón de dólares, por ejemplo), desconocen la voluntad popular expresada en las elecciones del 28 de junio de un cambio en sus políticas.
Así se entiende el ojo desviado de Néstor: con uno mira sus negocios “por debajo del mundo” y con otro manipula entre las sábanas presidenciales la política nacional. ¿Que favor le estarán pagando los K al “padrino” del fútbol, Don Julio (pronúnciese Yulio) Grondona? o mejor aún ¿Que les habrá ofrecido o prometido quien reina en éste, el deporte más popular, desde hace casi dos décadas?
En primer lugar, el fútbol es un negocio y el estado no tiene por qué entrar en él. ¿Alguien conoce algún país serio en el cual suceda esto?
Segundo, “fútbol gratuito para el pueblo” es una enorme mentira financiada con los impuestos de los contribuyentes, y los inciertos cientos de millones que el estado argentino aportará para entregar el demagógico fútbol gratis excede ampliamente la suma total del negocio del balonpié local.
En tercer lugar, me remito a la afirmación de la presidenta Fernández: “la democracia todavía estará incompleta en la medida en que no podamos garantizarle a los argentinos bienes fundamentales”. ¿La abogada Fernández de Kirchner estará hablando en serio? El fútbol, un bien ¿fundamental?
Señora, no me joda, no le tome el pelo a la gente. Usted quiere mantener al pueblo mirando fútbol por TV para que no se eduque, para retrasar la alfabetización y poder seguir con su sistema perverso de punteros (al que ahora sumará seguramente a los barrabravas). Más distracciones y menos educación, salud, seguridad y justicia; que por si no lo recuerda son los derechos fundamentales que garantiza la constitución de 1853.
En cuarto lugar me pregunto ácidamente ¿Estoy crazy Macaya? La primera mandataria afirmó tan ligera y banalmente durante la presentación del pacto con la AFA lo siguiente “Que te secuestren los goles, como te secuestran la palabra o te secuestran las imágenes, como antes secuestraban y desaparecían 30.000 argentinos; yo no quiero una sociedad más de secuestros ni de personas ni de palabras ni de imágenes ni de ideas”.
Comparar la desaparición de personas durante una dictadura militar con el negocio del fútbol es como comparar manzanas con satélites planetarios. Es más, creo que les falta al respeto a esos desaparecidos que siempre dice honrar incluyéndolos en un discurso sobre un tema tan trivial como el de un negocio deportivo.

Deberemos reorientar la pauta publicitaria del estado para “honrar” este acuerdo entre el estado y la AFA, dijo Fernández bajo la atenta mirada de “Don Yulio” y del “Diego” (me da vergüenza aclararlo, pero me refiero a Maradona por supuesto), entre otros espectadores de lujo (tan importante era esto que se encontraba el gabinete en pleno y se usó la cadena nacional para su discurso) en el predio que la Asociación del Fútbol Argentino tiene en Ezeiza. ¿O sea, algún punto más de poder para el secretario Enrique “Pepe” Albistur?.
También se despachó contra las “corporaciones monopólicas” en clara referencia al Grupo Clarín, y a Torneos y Competencias (TyC), empresa controlada por el Grupo liderado por Héctor Magneto, CEO de Clarín. Recordar que si NestorK tiene un archienemigo, su guasón y némesis es precisamente Clarín. Y, aunque no le quede nada por ganar en esta transacción al matrimonio K, con sólo dañar a Clarín se da por satisfecho.
Está mal jugar con “la pasión de multitudes” para sacar ventajas políticas y -nuevamente- distraer la atención de los temas importantes del país.
Hasta una camiseta con los colores nacionales y su nombre le regalaron. Seguramente si se la pone, patea la pelota afuera.
Mientras la presidenta y su gabinete se dedicaban a tan importante acuerdo, en la Cámara de Senadores del Congreso Nacional se aprobaba la prorroga de las facultades delegadas y de los “superpoderes” del jefe de gabinete para reasignar partidas presupuestarias.
La foto del papel será la de la presidenta con su flamante camiseta y no la de la vergonzosa sanción de tamaña burla a la Constitución Nacional y a la voluntad popular.
Entonces, ¿como pensar que una de las peores administraciones -si no la peor- que tuvo la Argentina en cerca de 200 años entienda que aumentar los impuestos a los electrónicos amplía la brecha digital entre los argentinos?
Con algo de malicia se puede pensar que lo entienden y apuestan a que esa brecha -al menos- se mantenga.
¿Que dirá Lino Barañao, ministro del área? ¿Le dejarán decir algo? Seguramente sí, mientras use un telégrafo alámbrico para expresar su posición.
Publicado el 12 de August de 2009 | 1 Comentario
Tiempo de lectura 2 min. 31 seg.
Parece ser ya una costumbre argentina tratar temas importantes en el Congreso Nacional que terminan siendo aprobados entre gallos y medianoches. El llamado “impuestazo tecnológico” no fue la excepción y ya obtuvo la media sanción de la Cámara de Diputados que le da pasaje libre al Senado para que se convierta en ley.
Es preocupante -o al menos interesante- ver como el gobierno encabezado por la Presidenta Cristina Fernández se esta encargando sistemáticamente de destruir todo lo bueno que se había hecho en el gobierno de su esposo Néstor Kirchner en materia tecnológica.
Durante la administración K (versión original) Roberto Lavagna, ministro de economía, y luego Daniel Filmus, ministro de educación, tomaron muy seriamente el desafío de reducir la brecha digital en Argentina.
Pero como el principio hollywoodense que afirma que las segundas partes nunca fueron buenas, esta versión “clase B” de la administración K no tiene un interlocutor válido para impulsar políticas que mejoren la calidad en el acceso a la tecnología de los argentinos, a pesar de existir ahora un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.
El pobre ministro Barañao ni siquiera habla cuando está presente la presidenta, quien se lanza a inventar a “Maikel Microsoft” o a alabar a Bill Gates, co-fundador de Microsoft- en las oficinas locales de su archienemigo Google. Se trata de la misma presidenta que llega tarde a las reuniones con otros presidentes, culpando a quien tenga más cerca, por su necesidad de divismo y algún probable trastorno bipolar (antiguamente conocido como psicosis maníaco-depresiva).
En los 612 días que lleva su mandato, cambió varias veces a su jefe de gabinete y a su ministro de economía, y sin embargo no hubo prácticamente reuniones de gabinete, las decisiones se tomaron en la intimidad del binomio presidencial, KFC (no, no es Kentucky Fried Chicken, es Kirchner y Fernández co-gobernando). Las alianzas políticas y económicas las concretan con el dictador militar Hugo Chávez y no con el presidente nacido del sindicalismo, Lula Da Silva.
Tras la derrota electoral -que puede contener varios mensajes- no se hizo ninguna autocrítica y se continuó por el mismo derrotero autoritario con piel de progresista. Durante años no hubo conferencias de prensa presidenciales y las pocas que “graciosamente se otorgan” actualmente reafirman el modo dictatorial con el se manejan desde el ejecutivo. Preguntas, una, repreguntas, jamás.
Paradójicamente, un pseudo gobierno “progre”, del pueblo, sube los impuestos a productos tecnológicos, aumentando la brecha digital en el país, mientras que partidos políticos como el PRO, dan pelea en el congreso para que no se apruebe esta locura cristiniana. Es que hasta el más distraído estudiante de economía sabe que esta medida no va a mejorar la recaudación y que si va a lograr distanciar más a la tecnología de las familias argentinas.
Tierra del Fuego no es ni por asomo la sombra del Polo Industrial de Manaos en Brasil. Por este camino tampoco lo va a ser.
En prácticamente todas las redes sociales existen causas que desaprueban la sanción de esta ley, sitios creados por cámaras empresarias explican todo el proceso y vislumbran el futuro, pero parece que en la Casa Rosada sólo se lee el diario de Yrigoyen, se ve la tele de Tinelli y se navega por las páginas de educ.ar.
A estas alturas sólo me quedan dos caminos: pensar que el matrimonio “K” no entiende a la industria TIC o que si la entiende y quiere que el negocio prospere saludablemente, pero en otro país, no en Argentina.
Publicado el 14 de May de 2009 | 1 Comentario
Tiempo de lectura 1 min. 56 seg.

Los últimos presidentes argentinos se han caracterizado por protagonizar situaciones insólitas, ridículas y hasta bizarras.
Todos recordamos el discurso equivocado que comenzó a dar Carlos Saúl, el intento de salir por una pared falsa del decorado de un set de televisión de Fernando de la Rúa y hasta el forcejeo con el bastón presidencial entre Néstor K y Eduardo Duhalde durante la asunción de K.
En el caso de Cristina, y especialmente con empresas tecnológicas, ya van al menos dos veces que “no da en la tecla”. El primero fue en las oficinas de Google, hablando permanentemente de Bill Gates y exaltando la excelencia de Microsoft, rival en los negocios del motor de búsquedas.
El segundo y último (hasta ahora) se registró en un evento regional de Microsoft el día de ayer. En su discurso magistral saludó a los directivos de “Michael Microsoft” y -al menos- en otra oportunidad se refirió al tal Miguelito (como podrán comprobar en el audio adjunto).
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En todo el mundo se reconocen las dotes de oradora de la Presidenta argentina, pero un líder nacional debe conocer las más básicas normas del protocolo, entre las que se encuentran: saber de quien habla, con quien habla y hasta cómo se pronuncia su nombre.
Esa negación a leer sus discursos en lugar de improvisarlos la lleva a esta clase de errores y -por ejemplo- en oriente esto sería un imperdonable insulto.
Es comprensible que la agenda de un presidente este llena de discursos y conferencias; es diversa y cambiante durante todos los días de sus cuatro años de mandato. En un momento inaugura una escuela, media hora después una planta industrial, quince minutos más tarde se reune con algún embajador y una hora después, almuerza con dirigentes empresarios.
Es por eso que no puede ni debe permitirse esta clase de furcios. Si no quiere que le escriban los discursos por una cuestión de autosuficiencia o ego aumentado, bien; pero que al menos alguien le acerque un papel con los datos básicos del lugar en que se encuentra y de las personas con las que interactúa.
Y no es sólo en el ámbito local o tecnológico que la Presidenta comete errores. Sólo basta recordar las veces que llegó tarde a las tomas fotográficas en diversas cumbres presidenciales o comentarios como el realizado en la embajada Argentina en el Reino Unido tras fallar el equipo de sonido, insultando directamente al país y a la industria británica.
¿Es patológico, está mal asesorada, es simple torpeza o es una conducta intencionada?
En cualquier caso, sería bueno que esto no se repita.