Publicado el 15 de Julio de 2009 | Sin Comentarios
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El virus N1H1 que produce la gripe A, además de conmocionar al mundo, aprovechó su paso para crear nuevos virus; en este caso informáticos.
En realidad no es el N1H1 quien crea malware sino delincuentes que usan la poca y mala información que hay respecto de su prevención y tratamiento para infectar equipos tanto de particulares como corporativos.
Otro efecto -en este caso positivo- causado por la gripe A fue el crecimiento del comercio electrónico, especialmente en el sector supermercadista.
El aumento en el uso de los supermercados digitales obligó a las empresas a reprogramar las entregas de los pedidos realizados a través de Internet pues se vieron desbordadas en su capacidad logística de cumplir con los tiempos habituales de entrega.
Incluso algunos sitios colapsaron pues no se encontraban preparados tecnológicamente para asimilar este inesperado aumento de consultas y pedidos.
Esto indica que se sumaron nuevos usuarios al sistema, aumento compuesto por clientes que ya habían tomado la decisión de utilizar estos servicios pero que venían postergando el primer uso y clientes a quienes les ganó el temor al N1H1 al que tenían sobre realizar transacciones a través de Internet.
Habrá que ver si una vez finalizada la crisis de salud producida por la rápida propagación del virus, el incremento de clientes se mantiene, incluso si “contagia” a expandir sus efectos en otras áreas de negocios virtuales.
Publicado el 13 de Abril de 2009 | Sin Comentarios
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Las netbooks y las mini notebook no son lo mismo, a pesar de lo que empresas como Dell, Sony o HP quieran hacerle creer.
La coincidencia en un form factor (tamaño) similar permite que diversas compañías ofrezcan y comercialicen unas bajo el nombre y apariencia de las otras.
Desde su nacimiento, las netbooks fueron pensadas y diseñadas para una conectividad ubicua, de bajo costo y -parafraseando a Esteban Galuzzi, Gerente General de Intel Cono Sur- equipos para consumir contenidos más que para crearlos.
Las mini notebooks se diferencian principalmente de las netbooks por su elevadísimo precio y la incorporación de discos duros de gran capacidad, pantallas de mayor resolución, más memoria RAM, todo tipo de conectores externos (como firewire) completamente innecesarios si tenemos en cuenta el uso para el cual fueron desarrolladas las netbooks.
Algo parecido sucede en el mundo de los teléfonos celulares, con empresas como Nokia -por ejemplo- quien comenzó a designar a sus móviles multimediales como “computadoras de mano”, tratando de captar un mercado que no es el suyo.
Sumar funciones a los celulares no los convierte en computadoras de mano, pero el objetivo de estas compañías es reducir la brecha tecnológica y conceptual existente entre los smartphones y las mini notebooks.
Con la explosión de la voz sobre IP (VoIP) y productos como Skype se confunden más los tantos, pues desde una mini notebook, desde una netbook y desde un smartphone se pueden hacer llamadas entre equipos, incluso a teléfonos fijos.
En la crisis, parece que la creatividad de las empresas pasa tanto por lanzar mejores equipos a precios menores como por desarrollar campañas de marketing que confunden sus productos con otros muy diferentes, pero que parecen iguales, para mejorar su participación en el mercado.
Publicado el 2 de Febrero de 2009 | Sin Comentarios
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“El mundo es cada vez mejor, pero no mejora lo suficientemente rápido, y no está mejorando para todos”, decía Bill Gates en el World Economic Forum de 2008; ahora agrega que “ha habido gente haciendo dinero en formas caprichosas durante mucho tiempo” (sic, lo juro).
Traduciendo del dialecto simplificado de Bill: el mundo mejorará para quienes hicieron dinero caprichosamente durante años.
“Yo soy un optimista, pero soy un optimista impaciente”, indicaba el año pasado en el mismo foro nuestro magnate del software preferido. Hoy predice una recesión de cuatro años. Se trata del mismo William Henry Gates III que moldeó el concepto de capitalismo creativo (que aún no termino de entender ni asimilar).
Ergo, si aplicamos a esa última proyección la variable de su impaciencia, seguramente la crisis será mayor… digamos cinco años. Pero como también es optimista (el extremo opuesto sería pesimista y el intermedio realista), quizás haya que agregarle uno o dos años más.
Según la visión Gatesiana libremente interpretada (por mi), la crisis puede -entonces- ver un final en los próximos cinco o seis años; tomando como seis el peor escenario y -con un buen manejo político y económico global de los estadistas que supimos conseguir- tres, en el mejor de los casos.
Por supuesto que hablamos de los países desarrollados. Los emergentes (categoría que incluye a casi todos los países de nuestra región) deberán esperar un tiempo más en la fila de racionamiento para cambiar sus estampillas por un salvavidas que los mantenga -al menos- a flote.
De crecimiento, ni hablar; aunque los caprichosos que mencioné al principio, de esto no se preocupan.