Cyberbullying: El acoso con tecnología
Publicado el 26-05-08 en General, Tecnología, Controversias, Educación
Llega un mensaje de texto al celular de Juana: “Andá a www.metrofotos.com que hay algo sobre vos”.
Juana abre su navegador y escribe la dirección. Aparece una foto suya.
Desconcertada, comienza a bajar por la página y lee los comentarios que dejaron. Primero la invitación: “He aqui una de las personas mas queridas del colegio… Ya sea por su personalidad, por su humildad, su forma de ser, etc. desahogense todo lo que quieran y disfruten”.
Era el preludio del horror.
- “Te vamos a matar”.
- “Vos, gorda asquerosa y tu amiga la judía van a sufrir”, dicen anónimamente los comentarios.
Y siguen los insultos… azorada Juana nota que hay fotos de otros compañeros suyos. El creador del sitio asegura en la segunda foto que sube: “Ahora pasamos a otro nivel” y uno de los comentarios sentencia: “cuidate gordito trolo q voy y te abro la capocha de un botellaso..TRAGALECHE!!!!!!!!!”.
Lívida encuentra una segunda foto suya y un comentario: “Gorda hija de mil puta para con los cañoncitos de dulce de leche y los bizcochitos de grasa Gorda hiperobesa hija puta”. Hay mas, decenas de comentarios en ese tono.
En ese punto se larga a llorar y apaga la computadora. Se va a dormir con un nudo en el estomago.
Al día siguiente llega al colegio y descubre que el sitio fue creado por alguien de 5º año y sus complices -de la misma división- fueron los que alimentaron de comentarios el Website.
Mira a su alrrededor y se siente intimidada. No puede confiar en nadie.
Entre las caras sonrientes que la rodean están los acosadores. No sabe quienes ni cuantos, pero sabe que se escudan en la impunidad del anonimato y el silencio complice del grupo que se autoprotege.
En un recreo alguien se acerca y le dice:
- “Mateo fue quien creó el sitio”.
- “¿Mateo?”
- “Si, se juntó con otros siete para montar el sitio y hasta dejaron algunos comentarios desde las computadoras del colegio. Piensan seguir y van a ser más agresivos todavía. No se hasta donde van a llegar”.
Entonces Juana enfrenta a Mateo y le pregunta por qué, por qué lo hizo. El simplemente responde “porque puedo… y si querés que saque tus fotos, traeme tres nuevas víctimas o lo vas a lamentar”.
-“No -le dice Juana- prefiero que me sigas atacando a mi antes que permitir que otros sufran lo que yo estoy sufriendo”.
Mateo se aleja victorioso hacia su grupo de amigos y comienzan a reirse.
Juana, humillada y dolida, no sabe que hacer. Habla con sus compañeras -entre ellas otra de las víctimas- y deciden ir con Salma, la rectora del colegio, para contarle la situación y pedirle consejo y protección.
Horrorizada con lo que le cuentan, llama a Mateo y le pregunta sobre el tema. “Si, yo subi las fotos y di de alta el sitio -confiesa el alumno sin remordimientos y con algo de orgullo en su voz- y lo volvería a crear”.
La rectora inmediatamente le pide que cierre el sitio. Mateo se niega y le dice que si quiere cerrarlo, que lo haga ella. Y le da el nombre de usuario y clave. Salma se dirige a su PC y da de baja el sitio.
Por otro lado, el padre de Juana, monitoreando la actividad de su hija en Internet, descubre la situación y se contacta con el colegio.
No recibe respuesta.
Escribe una segunda carta al colegio y -en forma reactiva- sus autoridad suspenden a Mateo por tres días, convocan a sus padres y les piden que cambien a Mateo de colegio pues esa conducta no es tolerada por la institución. Los padres de Mateo se niegan y amenazan con acciones judiciales.
Se suman dos alumnos a la confesión de Mateo y también son suspendidos.
Tras varios días, llega al colegio un oficio que notifica a sus autoridades la decisión de un juez que los obliga a readmitir a Mateo en el colegio.
Hoy los ocho miembros del grupo acosador están junto a sus victimas en el colegio, y en algunos casos, en el mismo aula.
- “Impunidad… ¿Qué clase de educación les estamos dando a estos jovenes?” se pregunta el padre de Juana.
Indignado y horrorizado busca algún organismo que lo ayude y le de un camino razonable de acción. Se acerca a la Secretaría de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires, aunque aún no tiene ninguna respuesta concreta.
Esta historia es real y esta pasando ahora. Se cambiaron los nombres, pero los actores son de carne y hueso.
El artículo 3º de la ley Nº 23.592 sobre actos discriminatorios dice:“Serán reprimidos con prisión de un mes a tres años los que participaren en una organización o realizaren propaganda basados en ideas o teorías de superioridad de una raza o de un grupo de personas de determinada religión, origen étnico o color, que tengan por objeto la justificación o promoción de la discriminación racial o religiosa en cualquier forma.
En igual pena incurrirán quienes por cualquier medio alentaren o iniciaren a la persecución o el odio contra una persona o grupos de personas a causa de su raza, religión, nacionalidad o ideas políticas”.
Y concuerdan los artículos 9 y 22 de la ley Nº 26.061 de protección de los derechos de las niñas, niños y adolescentes.
El acoso cibernetico no es más que la modalidad tecnológica del viejo acoso cara a cara; ese donde un grupo toma de punto a un compañero y lo golpea, le roba sus cosas o lo amenaza.
Pero un juez -como ya es tradición en Argentina- protege al victimario y hasta le da acceso continuado a sus victimas. Alguien pregunta en silencio:
- “Oye Chapulín Colorado ¿Quien podrá defendernos?”
- “Nadie”, le responden ocho personas por SMS.

































