Es el siglo 21, (estupido…) Sarkozy
Publicado el 02 de October de 2009 en Controversias, General, Política, Tecnología
La semana pasada se aprobó en Francia la llamada “Ley Sarkozy” o “Ley Hadopi” (en honor al nombre de la autoridad de aplicación de la norma), por la cual se podrán sancionar las descargas P2P (y de cualquier otro tipo) sin autorización -tras dos advertencias- con hasta un año de desconexión a Internet, aunque se deberá continuar pagando por el servicio.
En esta oportunidad no quiero abordar el tema de la piratería (aunque tangencialmente lo haré) sino el de la privacidad; y en este sentido, la recientemente aprobada ley francesa sería considerada inconstitucional en casi cualquier país de América Latina.
¿Por qué? Básicamente por los mecanismos técnicos que se requieren para identificar esas descargas, que violarían claramente el fundamental derecho a la privacidad. Para saber quien está descargando un determinado archivo se debe monitorear constantemente el tráfico de la red, individualizando no sólo los archivos con copyright que se bajen sino también los otros, los de descarga legal (como sus propias fotos, documentos comerciales y comunicaciones de índole personal).
El estado y su ISP (que es quien cuenta con esta información) pueden crear un perfil sobre cada usuario, con la posibilidad efectiva de entrometerse en la vida privada de sus ciudadanos (y hasta de los turistas que quieran conocer la Torre Eiffel).
El tema de espiar a los usuarios de Internet (o a través de Internet) no es nuevo y la sanción de esta ley remite obligatoriamente al polémico Windows Genuine Advantage Program o Programa de Ventajas de Windows Original de Microsoft que -al conectarse el usuario a Internet- automáticamente envía información para identificar copias pirata de sus productos. Incluso se tildó a la compañía de Redmond como “la mayor hacker de China” por instalar aplicaciones en segundo plano que envían información sobre el usuario y su software a la compañía sin su consentimiento.
Es claro que las cuestiones sobre piratería y privacidad están entrelazadas, pero esta clase de legislación es estúpida, anacrónica y violatoria de derechos básicos; aprobada por legislaturas nacionales que desconocen supinamente a las nuevas tecnologías, a los nuevos medios y no entienden las necesidades y comportamientos de los nativos (y de muchos inmigrantes) digitales.
Finalmente no comprenden que este nuevo panorama requiere de una revisión sobre los conceptos de propiedad intelectual para acomodarlos a un mundo globalizado, comunicado, socialmente participativo a través de la tecnología, móvil y conectado ubicuamente.
Cuando los temores de que el mundo llegue a un “1984” como lo sospechó George Orwell, con estados nacionales que se convierten en el “Gran Hermano”, es necesario proteger la privacidad como valor superior con una perspectiva fresca sobre los derechos de propiedad intelectual en el siglo 21.
