Facebook metio la pata
Publicado el 23 de Febrero de 2009 en Comunicación, Controversias, General, Marketing, Negocios, Política, Tecnología
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“Lo tuyo es mio y lo mio es mio” decía en una canción el rockero argentino Moris allá por la década de 60.
Y parece que Facebook le creyó. Tanto así que cambió sus condiciones de uso asegurando que la red social creada por Mark Zuckerberg tendrá una licencia irrevocable y perpetua para utilizar el nombre, aspecto e imágenes de sus usuarios esencialmente de cualquier forma, incluso en promociones y publicidades.
A pesar de que usted elimine su cuenta o muera.
Obviamente este cambio encolerizó a decenas de miles de usuarios en todo el mundo que no demoraron ni un día en quejarse e incluso el Electronic Privacy Information Center ya estaba preparando -según la revista PC World- una demanda ante la Comisión Federal de Comercio norteamericana.
Mucho aprendieron los usuarios con la Web 2.0 y rápidamente se agruparon y corrieron la voz tan velozmente que Mark, el pequeño adolescente detrás de Facebook, no llegó a digerir su última comida y dio marcha atrás en la medida (temporariamente al menos). Que reflejos se tienen a esa edad ¿no?
“La gente es propietaria de su propia información”, declaró a viva voz el pequeñín. Facebook “no compartirá (su información) de una manera que usted no desee”.
Aunque este incidente despierta mi curiosidad. ¿Cuantos leen realmente los acuerdos de uso de cada sitio en el que se registran, servicio que aceptan o aplicación que instalan? Los abogados suelen asegurar que “nadie puede alegar su propia estupidez” y en consecuencia, quien acepta los términos y condiciones está sujeto a su propia voluntad expresada.
Como en cuestiones legales la mitad de la biblioteca le da la razón a alguien y la otra mitad se la niega, están los que aseguran que estos convenios de aceptación -al igual que los que se firman con empresas de medicina prepaga y tarjetas de crédito, entre otros- son contratos leoninos, o sea acuerdos entre dos partes desiguales en los que sólo una tiene el poder sobre las clausulas, quedándose en consecuencia con los mayores beneficios o “la parte del león”.
Este incidente invita a pensar en el diseño universal de un modelo de convenio para redes sociales que proteja los derechos de todos los usuarios; sus derechos y los mios.
¿Puede ser que alguien disfrute ver una campaña global de Facebook con fotos de sus hijos tras una salida entre amigos, en las condiciones que cualquiera suele quedar tras una fiesta? ¿O quizás le gustaría que su potencial nuevo empleador lo vea en un cartel gigante haciendo el ridículo, ese que se encuentra sólo reservado a su circulo intimo?
Bueno, allá usted… digo.

