3 desafíos de las universidades frente a la educación continua

3 desafíos de las universidades frente a la educación continua
El futuro de la intermediación de las universidades como tal no está en peligro, en la medida que logren avanzar en la transformación de sus medios y de la experiencia integral que ofrecen.

Las universidades se están adaptando frente a la educación continua, con datos del mercado que refieren que aproximadamente 20% de la oferta académica de estas ya se da de manera online.

La educación online representa, siguiendo el análisis de especialistas en el área como Eduventures, un aproximado 20% de la oferta académica en las universidades a nivel global.

Resulta difícil hoy proyectar la transmisión de conocimientos sin incluir algún componente (desde interacción con otros participantes hasta contenidos) en línea.

De igual forma, las mutaciones en el mercado de trabajo, en formas de organización empresarial y modalidades de trabajo, están generando una importante presión en los procesos y estructuras educativas y formativas tradicionales, especialmente a través de la ubicuidad (romper con la distancia física), la personalización (eliminar fricciones derivadas de la estandarización) y la modificación de la intermediación (emergencia de plataformas como nuevo medio).

Sin pretextos: aprender desde cualquier parte

Los programas e-learning surgieron -rápidamente- como una respuesta al desafío de la ubicuidad: lograr que la formación pueda tener mayor presencia, eliminando fricciones al acceso para potenciar resultados. La validación de internet como medio de distribución de contenidos educativos fue instantánea.

Las sucesivas oleadas de formatos fueron ganando tracción y generando diversos impactos: primero fueron los MOOC, luego propuestas más sofisticadas y ahora los denominados OPX. Se trata de una categoría que integra a las organizaciones que ofrecen la tecnología, los procesos y los servicios para solucionar -en tiempo y velocidad- las necesidades de esta nueva era, así como incluye todos los diferentes modelos que apoyan a las universidades en el desarrollo de la educación superior online.

Es tal la urgencia por ganar ubicuidad y lograr eliminar fricciones, que los participantes de este espacio han crecido más de 900% a nivel global en la última década. Actualmente tienen un valor de 3,5 miles de millones de dólares, con un crecimiento estimado del 15%, por lo que se espera alcance los 7.800 millones en 2025, tal como lo proyecta la prestigiosa firma Holon IQ, destacando como uno de los subsectores más dinámicos e innovadores del escenario educativo.

A pesar de lo radical de la mutación en pos de la ubicuidad, ciertos componentes esenciales de la experiencia académica se mantienen inalterables. Tal es el caso de los docentes y del diseño académico: un alto porcentaje de estudiantes opinan que un facilitador aporta dinamismo y significación al aprendizaje.

La clave (y donde parece encontrarse un bloqueo relevante en los jugadores tradicionales) pasa por integrar los elementos históricamente esenciales (expertos, competencias, diseño, etc.) con los más disruptivos (tecnología, nuevos formatos, etc.) para lograr experiencias superadoras.

La personalización como principio esencial en el lifelong learning

Si bien atender a la velocidad del cambio es importante, existe un elemento disruptivo vital en la educación actual: el desarrollo de nuevas habilidades más allá de las instancias académicas tradicionales, pero a escala individual. Del lado de la demanda, el mercado laboral no sólo requiere un título universitario, sino de múltiples y variadas competencias y aptitudes, tanto “blandas” como de índole más técnica, vigentes y actualizadas.

Del lado de la oferta se espera que la respuesta sea personalizada, entendiendo por ello la inclusión de elementos que destaquen y alienten las especificidades y particularidades que cada carrera involucra, así como la posibilidad de realizar el recorrido en tiempos y espacios que cada uno defina. Las universidades han estado diseñadas y concebidas para otro rol, en el marco de otro momento histórico. Si bien su evolución es notable, las notas esenciales siguen siendo cierta estandarización.

Desde luego, esto no significa que las universidades vayan a desaparecer, todo lo contrario: su adaptación y evolución hacia una mayor personalización y fluidez ha sido una constante en la última década y prácticamente la gran mayoría ya cuenta con al menos un 20% de oferta online, por lo que continuamente están desarrollando programas de habilidades específicas.

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Es un esfuerzo (visible en los casos de éxito del sector) que no están haciendo solas: han recurrido a plataformas de diseño y capacitación de transmisión de conocimientos online, que aporten los elementos necesarios para una evolución, no sólo de tecnología (que, a esta altura es una condición necesaria), sino también de procesos y de mind set.

Es tan crucial este proceso de adaptación que -como bien afirma una investigación de Eduventure así como el especialista en tecnología educativa Phil Hill- incluso éstas prefieren ceder el 50% o hasta 70% del ingreso capital de la matrícula, con tal de adaptarse a estos modelos.

Plataformas educativas: nueva intermediación para la innovación educativa

El futuro de la intermediación de las universidades como tal no está en peligro (al menos no en el sentido de lo que ocurrió en otras industrias con los jugadores tradicionales) en la medida que logren avanzar en la transformación de sus medios y de la experiencia integral que ofrecen.

Su rol en la generación y transferencia de conocimiento no está en duda, incluso con la aparición de muchos jugadores de variada estirpe (privados, mixtos, tecnológicos, globales). Las casas de estudio seguirán siendo base de la incorporación laboral y cultural, aunque quizás, por vez primera, estén dependiendo de otros organismos para mantener su rol de liderazgo.

En la redefinición de su intermediación, emerge como concepto clave la “plataforma” entendida como una manera de organización en la que, en vez de producir cada componente de la cadena valor, se focaliza en proveer el espacio, los medios y las reglas para asegurar el vínculo entre quienes generan y quienes demandan: expertos que generan contenidos de valor y audiencias que los demandan para su campo profesional.

De esta forma, el valor de un OPX no sólo pasa por proveer (servicio, tecnología) a las instituciones académicas, sino por ayudarlas a desarrollar y gestionar de manera efectiva un ecosistema crítico para esta fase de su evolución, a partir de conectar un número importante de conocimientos necesarios para el actual contexto laboral. Un ejemplo de ellas es Capabilia, empresa que desarrolla experiencias de aprendizaje con más de 400 programas generados en alianza con compañías, instituciones y universidades.

Así planteado, el desafío de la transformación digital en el sector educativo supera largamente la criticidad que a veces se le otorga: apunta al corazón de la actividad de las instituciones mismas, logrando asociar y transformar los canales de educación tradicional a partir de contenidos y expertos innovadores, de formatos únicos y de metodologías integradas a un flujo de actividad en constante evolución, para responder más rápida y eficazmente a los desafíos planteados, logrando no sólo impacto económico, sino también humano, proporcionando a la educación la sensibilidad e inteligencia que ésta necesita para seguir siendo la base de nuestra sociedad.

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